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21 DE SEPTIEMBRE

sábado 06 noviembre 2010

Hoy vuelve a ser su cumpleaños, esta vez son 38. Con este son ya dos cumpleaños que paso sin ella.
Y como cada cumpleaños que ella no esta me he puesto a escribir.
No se cuanto tiempo sera esta vez, pero casi seguro que regresa, por lo menos lo ha hecho los ultimas
dos veces. La primera vez que me abandonó tenia casi 30 años. Se fue 3 meses antes de su cumpleaños. Me cuerdo que fue la vez que más dolió, sus palabras diciendome que habia conocido a
alguien en el autobus, que lo habia seguido viendo a mis espaldas, y la estocada final, que se habia enamorado.
Su boca solicitaba mi perdon, sus manos acariciaban mi cuerpo tembloroso y su ropa recogia mis lágrimas.
Pero sus ojos ya no me miraban, volaban hacia la ventana, como los de un pájaro que busca la libertad de su
jaula.
Con nada la pude retener y se marchó.
Fueron dos meses de estar muerto en vida, anhelando el final. La idea del suicidio no cruzó por mi mente, si no
que acampaba a sus anchas por ella. Tres meses mas de negación y seis meses de aceptación. Solo viviendo
de viejos recuerdos y la esperanza de su vuelta, y asi pasó otro año. Y cuando ya empezaba a caminar solo, ella
volvió. Llamó a mi puerta una mañana, herida, deshecha en lágrimas, suplicando mi perdon.
En sus manos una maleta llena de arrepentimientos y promesas. Y yo la volví a aceptar. Y regresó a mi boca el
dulce sabor del amor, ese sabor que solo recordaba vagamente.
Y asi durante tres años, bebiendo de sus besos y arropado en sus caricias. Pero esta vez no hubo un adios,
simplemente fue una nota y nisiquiera de su puño y letra. En ella decia que se odiaba por ser asi, pero no
podia soportar engañarme, y por eso se marchaba, y que al no verse capaz de contarmelo a los ojos, dejaba
aquella nota sobre la almohada.
Y otra vez se fue persiguiendo una nueva ilusión. Esa vez, la verdad ya no dolió tanto, tal vez por que yo, en lo
más profundo de mi ser lo sabia. El dolor vivió en mi casa otro año más, luego tambien se fué. Despues de
tres años entró en el café, donde casi siempre suelo desayunar. Se quedó de pie mirandome, esperando mi
reacción, más delgada, pero hermosa como siempre.
Le hice una seña, sonrió con una inmensa alegria y se sentó.
Un año más me dió la vida y yo le dí cuidados, y como cada noche entre sus brazos pensaba cual seria la
última.
Y hoy ya son dos años que la espero.
Una vez hace tiempo me pregunté, ¿y por qué?. Por que la acepto, por que la maldigo. La respuesta fue sencilla. Una vez ya hace muchos años, le dí mi amor, tanto fué, que no quedó nada para otra mujer, y cada
vez que vuelve, me exprime otro poco del que aun me queda y que lleva su nombre. Porque aunque con cada
abandono muero un poco más y destroza más mi corazón, mi mente y mi autoestima, con cada vuelta, vuelvo
a sentir la vida en mis venas. La vida que le entregué cuando la conocí, y que ella me devuelve de vez en cuando, ella, mi dueña.
Y aqui sigo, como un perro fiel aguardando su regreso, como siempre sin preguntas ni reproches, solo anhelando que me regale un beso o su cuerpo me de calor. Recogiendo las migajas que ella me lanza.
Y ahora el miedo ya no es que se vuelva a marchar, si no que no vuelva.
Solo una vez entreguè mi amor, y fue para toda la vida






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